Bossaball

En 2008, se cumplió el cincuenta aniversario del nacimiento en Río de Janeiro de la “bossa nova”, un estilo musical que, en sus inicios, pasó de la planta baja de una casa del barrio carioca de Tijuca a amenizar las fiestas del Tijuca Tenis Club, el club futbolístico Fluminense y la Asociación Atlética Banco do Brasil.

Según relata el historiador del Flamengo Ruy Castro en su libro Bossa Nova, la historia y las historias aquellas melodías del amor, la sonrisa y la flor encontraron el mundo como salida para transmitir sal, sol y sur.

Lo que nunca imaginaron en Brasil es que esta forma musical acabaría dando nombre a una actividad deportiva que surgió entre la roca de Gibraltar y el puerto de Amberes: el “bossaball”.

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Ideado por un productor musical, llegó a España por Andalucía en septiembre de 2005 y se ha promocionado en actos comerciales patrocinados, en competiciones en la playa, en festivales musicales, en ferias de ayuntamientos y en los juegos extraescolares. Y en 2006, formó parte del programa de exhibición del Campeonato Mundial de Cama Elástica, organizado por la Federación Internacional de Gimnasia.

El “bossaball” combina fútbol, voleibol, gimnasia y capoeira en un terreno, dividido en dos campos por una red y formado por colchones hinchables y camas elásticas.

Enfrenta a dos equipos que compiten en varias mangas de treinta puntos con un límite de hasta ocho toques seguidos para poder pasar el balón al campo contrario.

Y cuenta con un entorno de árbitros, que traen música y diversión para el público, extendiendo la unión de música y deporte a todo el tiempo de competición, y no sólo como pasaba hasta ahora en la publicidad y en los grandes momentos de triunfo.

La denominación combina el portugués y el inglés al unir la bossa, de bossa nova, y el ball en referencia a la pelota que se pone en juego. Sintetiza la práctica del deporte en las playas brasileñas con la apasionada forma de ver de los aficionados mientras escuchan música de fondo.

La garota de Ipanema y el balanceo de su cuerpo han disparado la fantasía de las palabras no sólo para llegar a la música, sino también para participar en las canchas de juego.